De Olga Gayón/Bruselas
Estados Unidos está lanzando llamas contra el mundo mientras su democracia interna arde. El neofascismo se ha instalado en la Casa Blanca para gobernar el globo a golpe de bombas. Un psicópata político fue elegido en la nación más fuerte del planeta con el único objetivo de que los que tienen el poderío armamentístico y económico hagan lo que se les venga en gana con los vulnerables, es decir, con el 80% de los países de la tierra. El fascismo del siglo XXI, como el del siglo XX, no quiere democracia; busca dominar bajo el imperio del terror. El fascismo del despacho Oval de la Casa Blanca, va hoy tras los recursos minerales y naturales, sin importarle cubrir de sangre al planeta.
Hoy ha sido Venezuela, ayer fueron Irán, Nigeria, y durante el año 2025 financió, apoyó y aplaudió el genocidio en Palestina. Entre tanto también, Estados Unidos se ha convertido en una banda criminal de piratas en El Caribe que se apropia de barcos petroleros y bombardea lanchas y pequeñas embarcaciones, que según estos neo piratas caribeños, van cargadas de drogas. A comienzos de 2026 se bombardea a intimida a Venezuela… ¿Mañana Canadá, México, Groenlandia…?
Desde el 20 de enero de 2025 todos los días me he sentido agredida por el gobierno de Donald Trump: es el fascista más soez que he conocido dentro de los líderes mundiales fascistas que ya pululan por todos los continentes. Este personaje agrede un día sí y otro también a individuos o colectivos frágiles. Pero la más grande embestida la ha cometido contra todas las instituciones democráticas de Estados Unidos. La que se creía una de las más sólidas democracias del mundo ha sido barrida por completo por el psicópata político de la Casa Blanca. Una vez sembrado el terror allí dentro y conseguido doblegar a toda la sociedad, ha comenzado a aterrorizar al mundo para alcanzar el poderío de dictador fascista que tanto ha anhelado.
Él no engaño a nadie: está haciendo todo lo que prometió en campaña; para eso lo votaron. El fascismo ya tiene un sólido líder mundial. Mientras, el ejemplo cunde por todo el mundo. Me siento huérfana porque no existen ni instituciones mundiales, ni políticas regionales, ni un contrapeso de poder en el mundo democrático que le pueda poner freno. Temo, de verdad, que el fascismo nos ha ganado la partida a los demócratas del mundo.
Los bombardeos contra Venezuela presagian ataques en diversas partes del mundo. Y defender la soberanía de Venezuela no es respaldar a Maduro; es estar del lado el derecho internacional que el psicópata de Washington hace una año enterró en los confines de su miseria personal para erigirse él, como el gran líder de la piratería mundial.
Titelbild: Obra: Bandera en llamas de Lamia Zladé
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